viernes, 9 de marzo de 2012

Ciudad de los techos verdes


  
            Como una necesidad más allá de lo estético. La ciudad de los techos verdes, se encontrará repleta de hiedras y jardines casi aéreos. En búsqueda de las plantas con características idóneas, para la convivencia con las altas condiciones de polución en las que se desarrolla el hombre en la urbe, y creando legislaciones necesarias. La ciudad de Barquisimeto, logrará un aire puro recreando la selva dentro de la ciudad. En los muros ciegos de muchas de las edificaciones que surgen de los suelos guaros, las enredaderas cubrirán y refrescarán nuestra ciudad. Las azoteas, que a manera de terrazas coronan los cielos de esta tierra prodigiosa serán reforzadas y transformadas en jardines con árboles  que regalen sombras y césped como manto delgado, para obsequiarnos así un nuevo espacio que poco a poco se alimente de los espacios muertos, inhabitados, olvidados, inaccesibles. Que esta gran mancha verde devore a toda la ciudad, de este a oeste. Que el color verde identifique a Barquisimeto y la selva de concreto sea dominada por el hombre, como si la llanura de esta meseta se hubiese levantado en bloques caprichosos manteniendo su vegetación y clima.

MORAL


La capacidad de sentir vergüenza es una buena brújula moral.

La vergüenza acecha al calor del pecado, pilar de la religión. Solo nos sentimos avergonzados al comportarnos de un modo no aceptado por un grupo determinado, al cometer pecado.

“La moral sin religión carece de base” con el celebre pensamiento del ilustre Bolívar se reafirma la importancia asociativa entre el opresivo pensamiento cristiano y la contradictoria moral presente en el. El ser humano lleno de miedos internos y contradicciones, se sintió obligado a crear ciertos códigos de vida en base a convicciones generalizadas de una manera egoísta.

La vergüenza se siente al estar conscientes de haber faltado a  las reglas de vida que “debemos” tener presentes en nuestro día a día. Pero estas reglas de vida no pueden interferir con nuestra naturaleza humana, como es de esperarse. Irónicamente nos avergonzamos de lo que somos y de lo que sentimos. Buscando ser de otro planeta, como conquistadores acabando de llegar, desnaturalizamos nuestra esencia, temerosos de perder el control de los sentidos y de nuestra alma, dándoles una dirección ficticia que solo nos lleva a una cruel contradicción.

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