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domingo, 27 de diciembre de 2015

I LOVE Christopher Doyle

¿Qué tienen en común Wong Kar-Wai, Jim Jarmusch y Gus Van Sant?


Podemos pensar rápidamente que todos ellos comparten una misma actitud iconoclasta. Pero también, son tres realizadores que han trabajado con Christopher Doyle, posiblemente el mejor director de fotografía del cine contemporáneo; profesión en la que no se asentó hasta los 34 años. Porque él considera que uno de los baluartes principales para su oficio es tener experiencia. No habla de bagaje profesional, sino de poseer un cúmulo de vivencias que serán fundamentales en su trabajo de la luz sobre las superficies. Y Doyle parece haberse bebido la vida con toda su intensidad. Una serie de trabajos pintorescos, antes de que definitivamente se quedase arraigado en el dominio de la imagen fílmica, le precedieron a lo largo y ancho de una vida errante, desde que dejase su Sidney natal a los 18 años. 


El viento le dio su adopción. Profundamente enamorado de Asia (actualmente reside en Hong Kong), tal como no se cansa de repetir en las múltiples declaraciones, prefiere la forma de trabajar de Oriente. Allí se encuentra la película. En Occidente, se construye. Una especie de karma que se repite constantemente y que nos delinea como entiende él los códigos visuales cinematográficos. No le gustan las ataduras, partir de un plan preconcebido y sistematizado, los storyboards ni las planificaciones, los guiones cerrados, etcétera. Su concepción visual debe ser una actividad orgánica, intuitiva y de experimentación, de ensayo y error. Se trata de ir encontrando la mejor forma de colocar la cámara o qué lente aplicarle, sin un plan preconcebido y por supuesto, muy alejado de un academicismo que rápidamente desechó cuando estudió en París. El espacio y la vida dinámica que los actores le otorgan a él, es captado por su cámara. Y decimos bien el posesivo, ya que a él le gusta ser el operador en todos los proyectos en los que interviene. Porque quiere vivir de cerca ese baile que se vive ente la cámara y los actores. Todo se trata de sentir, para encontrar mejor la emoción; para poder lanzarla mejor al espectador y dar así mejor forma al sueño del director. Doyle, sin duda, cincela imágenes desde una heterodoxia que le ha permitido brillar con una incandescencia cegadora.

No es casual que al hablar de él se agolpen metáforas musicales como el swing y el jazz para definir su trabajo fotográfico. Porque al leerle en multitud de entrevistas, con su carácter truhán y deslenguado, uno se lo imagina conceptualmente como el Walk on the wild side de Lou Reed. Ese desfilar por el filo de la navaja otorga a su obra un signo de distinción. Ya que todo eso lo podemos ver de forma clarísima en su estrecha y fructífera colaboración con Wong Kar-Wai. Por esquinados comentarios de ambos, lamentamos que aquella intensa unión artística parezca haber llegado a su fin, después de las experiencias al límite que ambos vivieron trabajando. Doyle manifiesta que su pasión por involucrarse en las producciones en las que participa viene por su interés por las personas implicadas en él. Permítanme otro símil musical. Y es que la relación personal de ambos ha parecido llegar a esa tonadilla de la canción que popularizó Rocío Jurado: se nos rompió el amor de tanto usarlo. 

Si nos detenemos en Wong Kar-Wai, del que luego continuaremos hablando, es porque el cenit de su arte llegó en colaboración con el citado director. Nadie podrá negar las virtudes de la excelente fotografía de filmes como Paranoid Park (Gus Van Sant, 2007) o Los límites del control (The Limits of Control, Jim Jarmusch, 2009), películas conceptuales, sí, pero que entran de inmediato por los ojos, mérito, por supuesto, de este australiano transhumante. Tal como él ha declarado, no podría haber conseguido los logros visuales épicos de Hero (Ying Xiong, Zhang Yimou, 2002) si antes no se hubiese perdido en el desierto de Ashes of time (1994). O hubiese sido impensable la compleja estructura lumínica que crearon para La Joven del agua (Lady in the water, M. Night Shyamalan, 2006) si antes no hubiese asumido las experimentaciones llevadas a cabo en filmes como Chungking Express (1994) o Happy together(1997), por citar algunos ejemplos. 

En ese sentido, se puede decir de My blueberry nights (2007), que una de sus virtudes era no notar la ausencia de Doyle. Y es cierto, pero también indica su importancia en el trabajo de Wong Kar-Wai. Y todo ello fue posible gracias a un método de trabajo estrictamente personal y único que le permitió llegar al máximo de sus posibilidades. De ahí a la madurez, para seguir legándonos sublimes realizaciones con otros autores.    

Wong Kar-Wai jamás rodaba con guión. Únicamente contaba con fotografías de las localizaciones. Una vaga idea presidía el rodaje pero nunca se sabía hacia donde les llevaría el viaje. Ese ir encontrando la película que comentaba Doyle llegaba a límites paroxísticos en las indecisiones continuas y agotadoras de Wong Kar Wai. Pero a su vez, en esa indefinición constante se horadaba el espacio para que Doyle probase todo lo que quisiese. En consonancia, tampoco a él le gusta trazar marcas a los actores, sino al contrario, prefiere buscarlos con su cámara. Todo ello, puede comprobarse en el excelente documental sobre el rodaje de Happy together, Buenos Aires zero degree (1999), aunque más bien parece una prolongación del film.

De esa sinergia en profunda indagación y de esa búsqueda por vericuetos sinuosos, Doyle nos ha legado imágenes imperecederas que ya constan en el imaginario colectivo como una de las grandes contribuciones estéticas de los años 90. Las lentes angulares de Fallen Angels (1995), las dos velocidades diferentes para dos acciones en un mismo plano enChungking Express, el ralentí hipnótico de la secuencia en la que Su Lizhen (Maggie Cheung) baja a buscar tallarines en Deseando amar (In the mood for love, 2000), los fantasmagóricos planos de las cataratas de Iguazú en Happy together... son ejemplos claros y evidentes  de cómo sus registros visuales han otorgado las texturas perfectas para transmitir la sangrante aflicción de los cuerpos dolientes del posmodernismo, hundidos en un caos urbano, sabiamente entendido como un organismo vivo.

Y aunque él se quite mérito comentando que muchas de las lustrosas técnicas utilizadas ya fueron usadas por Méliès, hay algo ineludible en los ojos de Doyle. Porque sus angulaciones extremadas, sus colores saturados y sus etéreos mantos urbanos y difusos son por encima de todo pura materia poética. Frente a esos directores aburridos que se olvidan de lo fundamental en el cine, Doyle sabe que la imagen debe expresar sentimiento. Revisen o echen un vistazo si no conocen en profundidad su obra. Corren un riesgo tremendo, pero vale la pena. Porque en la actualidad no existen imágenes más peligrosas que las de Doyle para sufrir el síndrome de Stendhal.

Todos nos enamoramos con Deseando amar, pero yo todavía no me he repuesto de la experiencia estética sobrecogedora que me sobrevino cuando fui a ver en un cine completamente vacío, Happy together, mi primer contacto con su arte. Fue cuando dije: "... y el director de fotografía es Christopher Doyle. Me lo apunto". 

Rope it up.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Wally Pfister

Wally Pfister

Walter C. «Wally» Pfister es un director de fotografía ganador de un premio de la academia en 2011 por su trabajo en Inception. Su primera película en la silla de director Transcendence, se estrenó en 2014 con Alcon Entertainment, la cual llevó un largo proceso de producción con la colaboración de Christopher Nolan, quien también se desempeña como ejecutivo principal junto con Emma Thomas.

Es conocido por trabajar habitualmente con el director Christopher Nolan, entre las que se incluyen Memento, Insomnia, Batman Begins, The Prestige, The Dark Knight, Inception, y The Dark Knight Rises. Pfister también es conocido por su trabajo con el director F. Gary Gray en la película The Italian Job y con Bennett Miller en Moneyball.
Después de terminar su carrera, Pfister encontró trabajo como asistente de producción en el canal televisivo WMDT-TV, enSalisbury, Maryland. Tiempo después tomaba prestada una cámara CP-16 con la que empieza a grabar pequeños cortos los fines de semana, incluyendo un ensayo visual sobre una Casa Victoriana; dice Pfister de esto: «Lo hice suave. Pequeños movimientos de cámara sobre la arquitectura de la casa. Lo monté con música, se lo enseñé a la productora y me hicieron camarógrafo».
Acá les dejo un video donde los panas de Borealisk nos dan una muestra de su obra.


Rope it up.

martes, 22 de diciembre de 2015

10 lecciones de cine por David Lynch

10 lecciones de cine por David Lynch

David Lynch, infatigable y turbador reverso de la fábrica de sueños conocida como Hollywood, nos obsequia las imperdibles lecciones de cine que el director de "Inland Empire" nos imparte en Filmmaker Magazine. 
1. La emoción está en la búsqueda de una buena idea.

"No conocemos la idea hasta que ésta entra en una mente consciente. Las ideas tienen que viajar bastante lejos antes de entrar en la mente consciente. Así que al trascender, empiezas a expandir esa conciencia, es decir, hacer consciente lo inconsciente. Tendrás ideas en un nivel más profundo. Y ahí tienen más información y más de una emoción. Es la felicidad en el hacer lo que resulta grandioso para mí. La captura de más ideas se vuelve cada vez más fácil. Además, desarrollas una especie de confianza en ti mismo. Recordando un poco, creo que no confiaba mucho en mi cuando apenas empezaba en esto".

2. La fuerza interior es clave para trabajar en el negocio del entretenimiento.

"En este negocio, o en cualquier otro, puedes llegar a angustiarte o desesperarte si no tienes esta fuerza interior. Y cuanto más decidido y entusiasta te involucras en tu trabajo, la vida se vuelve más un juego que un tormento. Siempre me he preguntado si la meditación trascendental es capaz de hacer a alguien tan tranquilo que ni siquiera le den ganas de hacer algo y termina convirtiéndose en una persona aburrida que sólo come nueces y pasas. Pero no es así. Al contrario, mediante la meditación obtienes más energía. Ese es el campo de la energía sin límites dentro de cada ser humano. Es muy, muy importante para el trabajo, esta cosa de la felicidad".

3. Ser positivo es esencial para el proceso creativo.

"Las historias siempre tienen conflictos y contrastes, altos y bajos, vida y situaciones de muerte. Y no puede haber mucho sufrimiento en las historias, pero ahora podemos decir que el artista no tiene que sufrir para mostrar el sufrimiento. Sólo tienes que entender la condición humana, comprender el sufrimiento. Muchos artistas dicen que la ira o incluso la experiencia de miedo o estas cosas alimenta el trabajo, por lo que el artista que sufre es un concepto romántico. Pero si lo piensas bien, es romántico para todo el mundo excepto para el artista. Si el artista está realmente sufriendo, entonces las ideas no fluyen, y si realmente está sufriendo, no podrá trabajar. Yo digo que el ser negativo es el principal enemigo de la creatividad".

4. Todo debe servir para impulsar la idea hacia adelante.

"Hay una historia que tiene sentido. Pero en esa historia hay más cosas; muchas de ellas, incluso, son abstractas. Hay sentimientos, y el cine puede representar sentimientos y pensamientos abstractos. El cine puede volver atrás en el tiempo, o hacia adelante, y esa es su cualidad mágica. Las ideas son regalos hermosos. Siempre estoy tan agradecido cuando tengo una idea de la cual me enamoro. Lo que necesitamos son las ideas".

5. No nos adelantemos a la idea.

"No pienses en el dinero o lo que va a pasar después de que la película esté terminada. Lo primero que requieres es una idea. La idea te indica el estado de ánimo que debes elegir para tus personajes; cómo hablan los personajes, por ejemplo. Debes permanecer fiel a esa idea a medida que realizas tu película. Incluso con una pequeña cantidad de dinero, es posible encontrar una manera de hacer las cosas. Así que sé fiel a tu idea, y no dejes que nadie interfiera con ella. Y eso incluye el corte final y la absoluta libertad creativa. Si tú no tienes la última palabra o la libertad creativa en tu proyecto, entonces ¿cuál es la finalidad de hacerlo?"

6. Todo el mundo debe comprometerse con tu idea.

"El truco es hacer que todos trabajen contigo para ir por el mismo camino, con base en las mismas ideas. Y esto se hace hablando y escuchando al resto del equipo".

7. Debes inspirarte, pero no dejarte influenciar.

"Hay una diferencia entre la influencia y la inspiración. Nunca fui un amante del cine, y yo no estaba realmente interesado en la historia del arte cuando era un pintor. Para mí, siempre lo he dicho, la ciudad de Filadelfia fue mi mayor influencia. El estado de ánimo de ese lugar cuando estaba allí, la sensación en el aire, la arquitectura, la decadencia, la locura, la corrupción y el miedo a deambular en esa ciudad son las cosas que vi en el cine. Realmente no me importa lo que está pasando en el mundo, ni con el cine. Sin embargo, de vez en cuando, se puede ver una película que es verdaderamente grande. O quizá, ver algunas nuevas pinturas y decir: “Esa persona tiene realmente algo fantástico.” Es una inspiración que te empuja hacia adelante".

8. No ignores tus transiciones.

"El cine es muy cercano a la música. En la música, varias veces, tienes diferentes secciones, puede ser una muy fuerte y rápida técnica, y después más lento; momentos altos y bajos. Todo está avanzando a un ritmo determinado, y todo el mundo sabe que la pieza musical escrita en la página, con cierto director de orquesta puede conseguir algo tan profundamente por encima de los demás. Es una cosa mágica. El cine se mueve a través del tiempo como la música. Se pasa de una escena a otra. Una de las cosas que es importante son estas transiciones entre una cosa y otra, una cosa que fluye hacia la otra. Y estas transiciones son muy importantes y muy hermosas".

9. El cine no necesita hacer declaraciones generales sobre la sociedad.

"Muchas veces, alguien termina una película y en la película hay un hombre y una mujer, y ciertas cosas que pasan. Y los periodistas van a decir: “¿Esto refleja y significa la manera en que ves y sientes las relaciones entre los hombres y las mujeres?”. No. Es esta mujer en particular en este lugar en particular donde le ocurren estas particularidades. Esa mujer no representa a todas las mujeres, y esto es muy importante dejarlo en claro".

10. No te preocupes por el debate de la película contra el cine digital; hay espacio para los dos.

"Durante mucho tiempo he defendido el cine digital. Me enamoré del digital con Inland Empire. Y hace poco, yo estaba trabajando en las escenas eliminadas de Twin Peaks. Y por primera vez en mucho tiempo, vi el material filmado en película, y yo estaba impresionado por la profundidad de la belleza que el celuloide, que el cine puede dar. Tiene una profundidad y belleza. Y me gusta fotografiar fábricas, y creo que en las fotografías de las fábricas también vi la diferencia entre el digital y el celuloide en el cine. Por lo tanto, hay todas estas diferentes opciones que tenemos. En digital podemos hacer tomas muy largas, no necesitamos detener la cámara y podemos seguir filmando. El digital es ligero, mucho más rápido, sin suciedad, sin rasguños, sin fisuras, y hay tanto control en la postproducción. Es una cosa hermosa. Pero tal vez estos diferentes medios se mantendrán vivos, y uno deberá decidir. Uno será adecuado para este proyecto; el otro, será el ideal para este otro proyecto".

Rope it up.

Etalonaje Cinematográfico

Etalonaje Cinematográfico

Cada película se encuentra asociada con una gama tonal, la cual es definida por las diferentes paletas de colores utilizadas durante el etalonaje.
El etalonaje cinematográfico es el proceso mediante el cual se dota a un producto de una determinada estética visual. Así, el color de una película es lo que, entre otras cosas, ayuda a crear su marca de identidad y provoca que asociemos determinadas obras con una gama tonal concreta.

Como producto audiovisual, el cine es un arte que a lo largo de su historia ha explorado diferentes formas de utilizar la imagen para transmitir un mensaje. Esa es la razón por la que en ocasiones se utiliza un plano general en lugar de un plano detalle, o un contrapicado en lugar de un picado. Tanto el ángulo de la cámara como el tipo de encuadre son elementos que no solo afectan al apartado visual, sino también al narrativo.

Con el color ocurre algo parecido. En la obra ‘Teoría de los Colores’, Goethe ya estudió la relación entre los tonos y la personalidad del ser humano, mostrando cómo la percepción puede cambiar dependiendo de si se utiliza un color amarillo, azul o rojo. Por motivos más que evidentes, esto es algo que los directores de fotografía tienen muy en cuenta.

Piensen en películas como El Padrino, Matrix, o Kill Bill, de todas ellas tenemos una imagen en nuestra mente que se puede asociar fácilmente un color. Las teorías desarrolladas sobre nuestro espectro visible son numerosas, entre la que podemos destacar la “Teoría de los Colores”, publicada en 1810 por Goethe o "La Psicología del Color" de Eva Heller.

Aunque existen muchos otros autores que han analizado de qué forma afecta el color a nuestra psicología, lo cierto es que la mayoría de ellos coinciden en un mismo punto: los colores nos transmiten sensaciones, las cuales se forjan en base a nuestra experiencia y cultura.

No son universales, un mismo color puede significar diferentes cosas en función de la interpretación que se le otorgue. Por ejemplo, el color verde puede ser considerado por algunos como sinónimo de la esperanza o naturaleza, mientras que en “Romancero gitano” de Federico García Lorca significaba la muerte.

Esto es algo que va a ser aprovechado con diversos fines, ya sean propagandísticos (asociamos color con marca) o estéticos. Así, los campos que más se aprovecharán de esto serán, por lógica, aquellos basados en la imagen, entre los que encontramos al cine.

Incluso cuando aún no existía el color en el séptimo arte, algunos directores optaban por alterar el negativo durante el revelado para obtener una emulsión con un color predominante. Mediante esta técnica, no solo se intentaba llevar el color a la gran pantalla, sino también la de provocar diferentes reacciones en los espectadores, como es el caso de la película “Nosferatu” dirigida por F.W. Murnau.
Ahora las herramientas y medios difieren muchos de los empleados a principio de siglo, pero continúan teniendo la misma finalidad. Quizá no nos hemos parado a apreciarlo, pero casi toda película suele estar bañada por un color característico que define la estética de ésta, ya sea por completo o en escenas concretas. Quizá podamos apreciarlo mejor con algunos ejemplos.

El Padrino
La obra de Coppola es una de las más recurridas cuando se trata de poner ejemplos en lo que a buen cine respecta, y en este caso no va a ser menos. Si tuviéramos que asignar el largometraje con un color, este sería sin duda el naranja.

A la peculiar iluminación de Gordon Willis, caracterizada por luces contrastadas desde un punto cenital, se le sumaba la interpretación que el propio director quiso hacer del color: asignarlo a la muerte. Esto se manifestaba de diferentes formas, por ejemplo, la aparición una naranja en plano indicaba que posteriormente algún personaje iba a morir.

Matrix.

Por otro lado, está bastante claro que la película más famosa de los Hermanos Wachowski se encuentra caracterizada por unas imágenes con tonalidades verdosas. Puede parecer algo estético, pero el etalonaje cinematográfico aplicado tiene de nuevo una explicación.

En este caso parece que se quiso imitar el entorno generado por las primeraspantallas monocromáticas, otorgando esa sensación de encontrarnos ante un mundo generado por ordenador. Se trata de algo ideal para posteriormente plantear el debate etimológico sobre si aquello que vemos y sentimos es real o, como en la película, es pura ficción.
Kill Bill.

En el largometraje de Tarantino se encuentra bañado por colores naranjas y amarillos, los cuales se suelen relacionar con el mundo oriental y que tenían mucho sentido emplear en una película que toma muchos de los principios desarrollados en el cine japonés.

De hecho, solo hay que ver el traje con el que se caracteriza al personaje interpretado por Uma Thurman, el cual rendía homenaje al empleado por Bruce Lee en “Game of Death”.
Mad Men.

Podríamos seguir poniendo muchos más ejemplos de largometrajes, pero entonces este post no tendría fin. Sin embargo, me gustaría puntualizar un caso particular donde el etalonaje cinamatográfico es de gran importancia, se trata de Mad Men.

Tras el reciente final de la serie creada por Matthew Weiner surge una buena oportunidad para valorar qué nos ha aportado. Así, uno de los puntos en los que creo que se ha tenido especial cuidado ha sido en la ambientación, algo que también se manifestaba en el etalonaje realizado.

Es decir, en función de la época los colores empleados también se alteraban. La diferencia tonal entre el primer capítulo de Mad Men y el emitido hace dos días es muy pronunciada. No es lo mismo ambientar una serie al principio de la década de los 60 que al final de ésta, ya que se producen cambios estilísticos y, con más relevancia, sociales.
Richard Lackey explica en Cinema5d cinco esquemas de color comunes en numerosas películas. Cada uno de ellos posee distintos efectos sobre la psicología del espectador, algo que varía en función del largometraje o el mensaje que estén interesados en transmitir. Para el análisis de estos esquemas Cinema 5d se ha basado en las paletas de colores de Roxy Radulescu, una directora de arte que analiza la gama tonal de diferentes películas en Movies in color.

Veamos ahora los esquemas definidos por Lackey.

Colores complementarios.


En este esquema se utilizan dos tonos de los lados opuestos en la rueda de colores, algo que potencia el contraste. Como ejemplo de ello el autor pone la película de‘Amelie’, la cual está caracterizada por colores verdes y rojizos, o ‘El Club de la lucha’, donde predomina el naranja y los tonos azulados. Mientras que en la primera los colores elegidos crean una sensación de armonía, en la segunda intentan potenciar el conflicto interno y psicológico que está viviendo el personaje. De hecho, los tonos empleados en la película de David Fincher son muy similares a los de ‘El maquinista’, algo también reflejado en el apartado narrativo.


Colores análogos.


Los colores análogos son aquellos situados a ambos lados de cualquier tono del círculo cromático. Como afirma Richard Lackey, este esquema suele emplearse para crear una sensación armónica en la imagen, ya que elimina los fuertes contrastes y con ellos la tensión. Es esa la razón por la que los colores análogos son frecuentes en momentos de tranquilidad o reflexivos, ya que esa misma gama suele estar también presente en la naturaleza. Un ejemplo puede ser la imagen superior de ‘Her’, aunque en otros momentos el personaje también viste de rojo para resaltar sobre los colores análogos que colman la escena.


Colores triádicos.





En este esquema se utilizan tres familias de colores dispuestas en la rueda cromática. Así, mientras que un tono es el dominante, los otros dos actúan de forma complementaria. Del mismo modo que ocurre en el primer esquema, este también busca la fuerza basada en el contraste. Esto lo podemos ver en la película 'Made in U.S.A' de Godard, donde predomina rojo, azul y verde.



Colores quebrados.



Se asemeja mucho al primer esquema, pero en este se emplean los dos colores cercanos al opuesto. Con ello se reduce algo el contraste de la imagen y, por tanto, la fuerza de los colores mostrados. Sin embargo, todavía se trata de un modelo en el que la diferencia tonal resulta bastante evidente. Para muestra de ello tenemos la imagen superior perteneciente a ‘El gran Gatsby’, donde resaltan los colores rojos, azules y verdes.


Colores tétradas.




Por último, este modelo utiliza cuatro combinaciones de colores diferentes, aunque uno de ellos puede ser predominante sobre el resto. Las consecuencias de ello son una paleta muy variada y dinámica, la cual ofrece una gran variedad de colores contrastados entre sí. Es similar a los colores complementarios, solo que en esta ocasión tenemos cuatro tonos enfrentados en lugar de dos. El mejor ejemplo que utiliza aquí Richard Lackey es una escena de ‘¡Mamma Mia!’, que emplea la enorme diversidad de colores que hemos mencionado.


Rope it up.

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